De la enseñanza del domingo 18 de septiembre con Venerable Damcho:
En cualquier servicio que hacemos es imposible que beneficiamos más a otros de lo que nos beneficiamos a nosotros mismo.
Cuando dejamos de estar persiguiendo nuestro interés y bienestar para beneficiar a otros, actuamos de acuerdo con la interdependencia, que está anclada a nuestra naturaleza bondadosa y que puede corregir la actitud dolorosa del egocentrismo.
Puedes construir una vida protegiendo tus intereses y aunque lograras esto sin dañar a otros, seria la felicidad de una sola persona ¿Es así como se le da un valor digno a esta vida, mientras podrías utilizar el mismo cuerpo beneficiando a miles?
Esta semana la tarea, es notar cómo aún cuando estas con otras personas en realidad, estas enfocada en ti misma (o), después notas tu reacción cuando sueltas este aferramiento y te preguntas ¿Qué necesita la otra persona, que siente? Aunque no lo des y nota lo que sientes, te vas a sentir mejor.
En cualquier actividad pregúntate ¿En qué dirección va ir el beneficio, para mí o para el otro?
La segunda tarea es: en cualquier actividad que hagas busca cómo puedes servir, enfócate más en la persona que en la transacción y goza del hecho de servir… esa es la actitud.
Si llegas a un momento en que te agotas y no puedes más, esto se debe a la motivación, lo más común es que estás buscando algo para ti y esto te va agotando.
Cuando servimos con una actitud que quiere el beneficio de otros, uno se va enriqueciendo, pero si te quieres ponerte la etiqueta de persona bondadosa, entonces te agotas rápidamente, porque es el ego que está funcionando como motor y el ego es sumamente agotador.
El esfuerzo gozoso es la persistencia, pero no la que resiste hasta el agotamiento, sino la que se alimenta del gozo de poder servir. Este entusiasmo es duradero y se nutre solo cuando el enfoque es lo que el otro necesita.
La práctica de la ecuanimidad, que reconoce que es cierto que el otro necesita algo, pero es más lo que yo recibo, nos protege de que una actitud arrogante entre en este encuentro. Ese ser sufre y quiere como yo ser feliz, con todo su ser, en cada inhalación anhela paz.
Todos caemos una y otra vez en confusión, en aversión, en miedos, en insatisfacción, en ansiedad. Todos los dolores que tenemos los compartimos con otros y todos estamos buscando con cada paso la felicidad.
Si servimos y no vemos resultados ¿debemos parar? La cultura en la que vivimos está orientada a los resultados. Sin embargo no debemos traer esta dinámica a nuestro crecimiento espiritual, porque este aferramiento a los resultados nos cansa y en pocos casos el desarrollo espiritual tienes resultados medibles.
Quizá no estamos resolviendo el hambre del mundo y podríamos sentirnos deprimidos por no poder hacerlo, pero si nos enfocamos en lo que no podemos cambiar, perdemos las oportunidades de cambiar lo que si podemos.
Su Santidad el Karmapa dijo, a veces tengo planes muy grandes, quiero hacer algo para ofrecer felicidad a muchos, pero muchas veces esos proyectos no se pueden llevar a cabo. En estos momento me nutro de pensar que aun si no puedo beneficiar a otra persona, al menos van a saber que tiene una persona a quien le importan, que les quiere y yo se que esto sí es algo y con esto me siento feliz.
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